La patraña de los estructurados financieros
Que la industria financiera se encuentre en una situación de jaque no se le escapa a nadie, y de ello deberíamos sacar provecho el conjunto de la sociedad (o ahorradores si lo prefieren) para ejercer como poder de presión efectivo de cara a la futura configuración de la industria. Evitemos que los escándalos se rezaguen al título de anécdota en los diarios, deben servir como precedente claro de futuras exigencias.
Una muestra del declive profesional en las finanzas y del aumento del riesgo reputacional del sector, es la comercialización de productos financieros estructurados. El aumento de litigios judiciales y arbitrales refleja el fracaso de la gestión comercial (Clips de Bankinter, bonos mal vendidos por Barclays, participaciones preferentes de CCM, comercialización por el Santander de productos Fairfield Greenwich (=Madoff), Citibank y los estructurados referenciados a Lehman Brothers como contrapartida…). De hecho os invito a echarle una ojeada al número de reclamaciones presentadas a la CNMV: 2007 (809)/ 2008(1058)/ 2009 (2154). Lo que se traduce en un aumento de 166% en 2 años, de entre las cuales sólo el 35% han podido ser resueltas. La CNMV está realizando una labor sensacional, a pesar de la escasez de los medios que dispone (acaban de publicar una guía muy útil sobre como saber si un producto es complejo o no).
El alma de los productos financieros estructurados resumida en romano paladino: transformar lo simple a lo complejo para que otros paguen por riesgos ajenos (me diréis que la jugada no es bonita…). Las fases de su elaboración podríamos segregarlas en las siguientes:
1. La originación de la idea. Aquí ya tenemos el origen de la mentira, y es que el estructurador en cuestión se deja capitanear evidentemente por lo que le viene bien en términos de riesgo para su libro de volatilidad. Es decir el interés del trader está por encima del interés del cliente final (el trader de 30 años de la sala de tesorería de la entidad X, solo tiene una preocupación que es el vector de su salario: generar unas operaciones con un riesgo determinado = su libro de trades).
2. El diseño del instrumento financiero. Que deberá ser técnicamente vendible, lo que acaba resumiéndose en la búsqueda de un equilibrio entre una castaña explicita y un terminator descubierto.
3. Los canales de distribución (los clientes potenciales: carteras de banqueros privados, banca personal, aseguradoras…). Aquí la filosofía acaba siendo muy clarividente: contratar a gente para que enchufe cuantos productos pueda. Su salario estará referenciado exclusivamente a sus ventas (olvídense del estudio minucioso de las necesidades del cliente).
4. Fase postventa. Se supone que consiste en un seguimiento del producto colocado al cliente… pero la praxis acaba mostrando que es una fase de fidelización del cliente en el sentido de engordar la cartera de productos estructurados del cliente. Y es que al final, el cliente acaba convirtiéndose sin quererlo en un pavo de navidad.
Consecuentemente, el lector debe ser consciente de los siguientes problemas que presentan:
- El precio del estructurado financiero resulta difícil de visualizar para el cliente (ya que es fruto de una operativa OTC).
- Está generalmente mal calificado en términos de perfil de riesgo --> cuidado con las agencias de rating, tienen un poder de mercado descomunal, pero su calificación es un dato retrasado. Al cliente no le interesa el presente. ¡Háblele del futuro riesgo que implica el instrumento!
- Cuidado con no perder la relación: agente de cálculo ≠ estructurador ≠ depositario. Deben ser sujetos distintos. De hecho el depositario tiene un incentivo pernicioso para el sistema: suele valorar el instrumento a 100 ya que lo que ingresa vía comisiones es un porcentaje del valor del instrumento à distorsión del riesgo.
- El producto atesora una complejidad radical, la cual no le reporta ningún valor añadido al cliente. En este punto emerge una problemática muy seria de cara al sistema que señaló el célebre Stiglitz: “se han creado productos tan complejos que aumentan tanto el riesgo como las asimetrías de información”. En efecto una medida de la asimetría informativa predominante en la actualidad es la brecha existente entre el ojo financiero (Murex, sistemas automáticos de valoración, complejos algoritmos,…) y el ojo humano. Un ejemplo: generalmente se pregona como indicador de las expectativas de los tipos de interés el Euribor… cuando los datos que recoge son absolutos y por lo tanto no transparentes. El indicador que sigue el ojo financiero: el OIS (Overnight Indexed Swap) à es el que descuenta más rápidamente la información.
Este modus operandi nos desvela que se ha perdido el norte de la funcionalidad del sector. El sistema financiero se fundamenta en la credibilidad, siendo el core business (o negocio principal) de la industria financiera la confianza en un sentido monetario (objetivo: lubricar la economía real, sacando negocio del fondeo que implica). Pero en lo que se ha acabado desembocando es en que el objetivo principal sea la comercialización no idónea de los productos financieros. Por desgracia nuestra, el sector financiero dejó hace mucho tiempo de ser una industria que produzca valor añadido para la sociedad (como siguen generando en las infraestructuras, el sector energético, la medicina…) relegándose por consiguiente a la función de administrar irresponsablemente.
Preguntas: ¿Le merece la pena ser íntegros a los empleados que comercializan los productos financieros? ¿Qué incentivos se les dan para que sean morales en su actuación? ¿El negocio de banca privada sigue siendo una banca de clientes o mas bien una banca de productos?

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