La maldición de ganar
La victoria suele adherirse a sentimientos como la satisfacción, el orgullo… frente a la derrota que suele acompañar la frustración en sus variopintos grados. La esencia de esas manifestaciones humanas en realidad acaba estando proyectada por las reglas del juego, de ahí la importancia de dedicar nuestros esfuerzos a presionar a las autoridades de turno para que el marco normativo sea transparente y acorde con el los valores de la comunidad.
Carlos Santana Lorenzo, un buen amigo dotado de una gran maestría analítica describió hace poco tiempo el caso singular de Canarias como representación de la trascendencia del diseño de los juegos. A continuación rueda su ofrenda:
· “Cabe preguntarse, no sin cierta ironía, por qué los partidos políticos en Canarias hacen esfuerzos para ganar las elecciones y alcanzar mayorías (¡relativas siempre!), si quien acaba llevándose el gato al agua y toca poder son el segundo y tercero.
En las elecciones autonómicas del domingo, el PP obtuvo la victoria con el 33% de los votos, que se traduce en 21 diputados; CC con un porcentaje de 8 puntos menos, un 25%, sin embargo, consiguió igual número de diputados; la tercera fuerza política con el 20% de los votos y 15 diputados ha sido un castigado PSOE.Parece claro que la opción preferida por los canarios en estos comicios de 2011 ha sido el Partido Popular. No obstante, las singularidades del sistema electoral canario, que más tarde explicaré, configura como lo más probable, un gobierno de coalición CC-PSOE.Resulta interesante que estas dos formaciones que han perdido respectivamente, 2.000 y 133.000 votos, vayan a formar el gobierno de Canarias, frente a un PP que ha subido en 64.000 sufragio respecto a 2007.
Esta rareza del sistema no es nueva. Hace cuatro años, la candidatura del PSOE al Parlamento, encabezada por ex ministro Juan Fernando López Aguilar consiguió un porcentaje del 35% y 26 diputados, mejor resultado incluso que el del PP este año. Pero con todo y con eso, el gobierno que se constituyo fue de coalición entre populares y nacionalistas, marginando los socialistas a cuatro años de oposición.
Esta reflexión nos confirma el sentido del título del post: ganar en Canarias es en la práctica, el peor resultado posible. Y esto es así porque el sistema impide que algún partido pueda obtener la mayoría absoluta de la Cámara regional. La imposibilidad de llegar a 31 diputados, de los 60 que tiene el Parlamento, fuerza en todos los casos a conformar gobiernos de coalición, en los que siempre CC tiene la sartén por el mango.Es de criticar la actuación, alejada del interés de Canarias y siempre en clave nacional, que los dos grandes partidos hacen en la región. Si el PSOE gana, el PP brinda su apoyo a CC, si gana el PP, lo mismo hace el PSOE. Único fin, que el otro no consiga el poder. En esta situación la principal beneficiada es CC, que unos años con unos y otros con otros, mantiene sin remisión la Presidencia del Gobierno. (En otra ocasión profundizaré sobre los orígenes del nacionalismo canario).
Y es que el sistema electoral canario configura la isla como circunscripción electoral, a diferencia que en el resto de España en la que la circunscripción es la provincia. En la medida que islas muy poco pobladas como el Hierro y la Gomera tienen que tener un mínimo de representantes, se constituye un sistema que destruye hasta límites paradójicos la igualdad de los votos. Así, el 17% de la población (suma de las poblaciones de Fuerteventura, Lanzarote, la Gomera, el Hierro y la Palma) elige al 50% del Parlamento, frente al 83% (Tenerife y Gran Canaria) que elige el otro 50%.Numerosos catedráticos y juristas de uno y otro signo político han expresado la dudosa constitucionalidad del sistema, al impedir un sufragio universal e igual consagrado en el artículo 9.2 de la Constitución española de 1978.Sin embargo, para cambiarlo se necesitaría una reforma legislativa que tuviera el apoyo de dos terceras partes del Parlamento; algo, que en esta legislatura es ya imposible, porque la suma de PP, PSOE y Nueva Canarias, en el mejor de los casos sería de 39 diputados. (Si lo podría haber sido en la anterior, si PP y PSOE (que sumaban 41) hubiesen pactado la reforma y dejado por unos minutos la lucha partidista a favor del interés general).
A pesar de la gravedad de que el voto de un herreño valga 20 veces más que el de un grancanario (véase: Nueva Canaria necesitó 54.000 votos en Gran Canaria para obtener 2 diputados; Coalición Canaria en el Hierro, 2.900 para también obtener 2 diputados), este reparto desigual, no es la única injusticia del sistema. La asignación en cada circunscripción se realiza de forma proporcional, conforme a la ley D´Hont, pero está sometida a unas barreras de entrada, aumentadas ya de por sí sobre mínimos altísimos. Actualmente, para obtener el primer diputado por circunscripción tienes que tener como mínimo el 30% insular o el 6% total de los votos totales. (En el resto de España sólo existe una barrera de entrada: el 5% de la circunscripción).Por estas ?barreras de entrada? se explica porque Nueva Canaria con 50.000 votos y un 4% no obtuviera en Gran Canarias en 2007 ningún diputado y CC con 32.000 votos obtuviera un diputado, ya que al obtener más de un 6% en toda Canarias (obtuvo el 24%) si entraba en el reparto de asientos.Estos mínimos se traduce en que más de 160.000 ciudadanos no tienen representación institucional (para ponderar el dato, ese número representa el 17% del voto total en las pasadas elecciones).
Dicho todo esto, parece irremediable, para mejorar la representatividad de las instituciones y la democracia en Canarias, que se comience un proceso de reforma del sistema electoral.”
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