Crisis Financiera. Segundo Acto
Estamos en el segundo acto de la crisis financiera. El primero fue con la crisis “subprime”, el segundo, ahora, con la deuda soberana existente. Sé que tanto a políticos como a grandes economistas les gusta complicar estas cuestiones económicas, sin embargo, no lo vamos a hacer. Este segundo acto se va a basar en el mismo guión de la saga que lo antecedió de la versión “subprime”.
Si bien recuerdan, en el primer acto los propietarios de casas tenían hipotecas superiores al valor de las propias viviendas y sus salarios no alcanzaban al pago de las responsabilidades que habían asumido. En este momento, tenemos a los bancos con una soberana deuda procedente de países con Haciendas que no cubren sus gastos y que se están planteando una eventual restructuración. En esa eventualidad, corren el riesgo de no mantener la solvencia.
En el momento de la “subprime” la pregunta que se hacía era: -“Dado que los bancos veían que algunas personas que habían adquirido hipotecas y créditos no tenían suficientes condiciones para pagar, cómo era posible que siguieran prestando dinero a esas personas? Ahora, la pregunta es: -“ Acaso los bancos no sabían que no podían continuar años y años prestando dinero a países sin tasas de crecimiento o con tasas poco superiores (menos de un cuarto de punto porcentual) como las que prestaban a Alemania?
La respuesta a ambas preguntas es no. No lo sabían. No sorprende, pues, este nerviosismo generalizado. Nadie quiere oír hablar de restructuración y con mayor o menor unanimidad todos prefieren ua nueva visión de ayuda.
En el caso griego, se hicieron disponibles hace un año 110 mil millones de euros. Ahora se habla de más de 60 mil millones de euros. Hace un año, la deuda griega era de un 143% del PIB, y ahora es de un 160%. La razón, no es la falta de esfuerzo -según palabras de los griegos- sino únicamente la falta de crecimiento del país.
La pregunta lógica que nos asalta en este punto es: Si Grecia no ha sido capaz de pagar el primer préstamo, cómo va a ser capaz de pagar el segundo? Es éste, el segundo acto de la crisis financiera, nuevamente, son los bancos, sus fondos de pensiones y las aseguradoras las que tienen esa gran deuda que, aparentemente, no puede pagarse. Si esta deuda no puede pagarse a escala por ejemplo de Grecia, por qué razón hay que esperar a ver si Irlanda o Portugal lo hacen?
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Consideraciones sobre el mundo
Desde hace algún tiempo sufro insomnio. He leído recientemente en la Revista Europea de Psiquiatría que cuatro de cada 10 personas lo sufren. Con esta noticia tuve la sensación durante unos segundos, de haber mejorado. Ya saben el refrán. “Mal de muchos,…” Después de todo, el 40% de los adultos padecen el mismo problema que yo. Sin embargo, rápidamente me di cuenta que esto no me ayuda en absoluto a tener una buena noche.
Me imagino que a los desempleados en España y Europa, debe sucederle algo similar. Cuando los gobiernos hablan de números en relación a la recuperación de la situación económica, por un momento deben sentir que las cosas mejoran y sin embargo, poco tiempo después deben darse cuenta que las tasas de paro siguen siendo las que son y que la situación en sí, no ha cambiado nada.
Creo que ésta es una de las grandes tragedias del siglo: Por un lado, el drama de los números y la creciente tendencia a igualar en lugar de individualizar, por otro, la tendencia para crecer en lugar de reducir la dimensión, por otro, el deseo de normalizar en lugar de particularizar y por otro el afán de reglamentar en lugar de culpar.
Las cifras de este siglo han aumentado, hablamos de miles de millones y billones, y mientras ese porcentaje aumenta, la práctica representa en algunas ocasiones unos pocos euros y en otras, escasos céntimos. Me pregunto si la gente percibe algo de los números.Y lo pregunto desde el desconocimiento de si sobre esta óptica se vé así, no con el deseo de ofender a nadie, porque es un simple modo de ver las cosas desde parámetros distintos.
La tendencia a que asistimos desde el siglo pasado es uniforme. Nos tratan como números separados, como partidas presupuestarias, tanto la Administración Pública como las grandes empresas. Las estructuras parecen haber sido diseñadas de un modo que nadie tenga poder de evaluación y conclusión y por tanto, tampoco de decisión, lo que provoca una sensación de inseguridad e indefensión tremendas, a la par de la perplejidad con que vemos y sentimos esto desde el exterior.
Esta generalidad es al final el resultado de la dimensión de las cosas, del número de leyes, del crecimiento de las empresas a través de fusiones y adquisiciones, del tamaño de la Administración Pública, de las modas que se globalizan, de las zonas económicas que ahora unen a varios países, del número de comités que se requieren para crear y supervisar este desarrollo.
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La economia, el mundo financiero y el jardinero
Cuando oímos hablar de millones, billones y trillones de Euros, tendemos a perder la noción de la realidad, así que decidimos contextualizar la magnitud de estos números para percibir mejor la realidad del mundo financiero en el que vivimos. Para ilustrar nuestra historia elegimos a un jardinero, aunque podríamos haber elegido cualquier profesión (comerciante, empresario, profesional, etc.).
Nuestro jardinero gana 30 euros al día con su trabajo en la jardinería. Un banco de inversión ve en esto una oportunidad para beneficiarse de la jardinería, alcanzando un beneficio de 35 euros por día. Se propone crear una empresa y vender al publico las acciones de esa empresa de jardinería a un PER de 20 o sea 20 euros x 5 x 250 días al año = 25.000 euros. (Siendo el PER el número de años que tardará el inversor en recuperar su capital, 5 es el aumento de la rentabilidad que le permite obtener el resultado y el 250 es el número de días útiles de trabajo, a pesar de que el banco considera la base de su análisis el año natural, los 365 días).
En este caso, el beneficio anual sería de 5 x 250 = 1250 que representa una rentabilidad del 5% al año. Los suscriptores de este capital (el público) compran al precio de 2 euros cada acción cuando su valor nominal es de 1, para que así nuestro jardinero pueda ahorrar el 50% del capital de la empresa. Después de esta operación, la empresa de jardinería contaría con un valor de 25.000 euros equivalente a su capital.
El banco de Inversión realiza un bono estructurado de 20.000 euros, es un fondo de cobertura que soporta la totalidad del importe y utilizando esa cantidad para pagar el desarrollo de toda esta operación (la colocación de acciones y bonos).El banco de Inversión ahora tiene un beneficio de 20.000 euros, el "hedge fund", unos títulos de deuda de la misma cantidad por los que recibe una rentabilidad anual, y los accionistas cuentan con un patrimonio neto de 25.000 euros en acciones. Con esto, el jardinero sigue cobrando los mismos 30 euros por día (porque los 5 conseguidos debido a las mejoras logradas por el bancos, servirán para pagar el bono estructurado, pero ahora posee el 51% de la empresa que es de 25.000 euros y tiene un pasivo de 20.000 €.El resultado así es el mismo, pero este tipo de operaciones permiten asignar un valor superior a los activos y, sobre todo, aumentar exponencialmente la deuda existente en la economía.
“Vamos a analizar la situación de nuestro jardinero una vez convertido en empresario”. Con sus 30 euros diarios consigue un ingreso mensual de 900 euros, más el patrimonio en acciones de 51% de su negocio equivalente a 12.600 euros, le permite gastar 1500 euros por mes. Para mantener su nivel de vida de 1500 euros, se financia en la diferencia necesaria de 600 euros al mes (sólo gana 900) con préstamos personales y tarjetas de crédito. La situación puede continuar por algún tiempo, al menos, mientras que las garantías se mantengan a un nivel aceptable de cobertura, sin embargo no siempre puede permanecer así la situación, estando expuesto a la quiebra en el momento en que se encuentre “una piedra en el camino”. Por piedra, podemos entender cualquier cambio de ciclo (como lo que está pasando) que cause una disminución en sus negocios haciendo que su evaluación de riesgo se altere rápidamente convirtiéndose en una situación insostenible.
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La banca libre de estres
Con el “stress test” que se va a realizar otra vez a los bancos, decidí tener una reunión con el director del banco con el cual trabajo, porque faltaba dinero en mi cuenta, originado por unos movimientos que no entendía. Empezamos una conversación amistosa, pero sin contenido, porque mi interlocutor no tenía noticias sobre el “stress test” que se haría de nuevo a los bancos europeos, y no percibía porque los bancos podrían estar mal. A fin de cuentas, era solo un director de banco y por lo tanto en cuanto le era posible saber, pensaba que su banco tenía una cuenta de resultados positiva.
Llegados a este punto, ya había una buena oportunidad para el tema de mi visita. Mostrados los movimientos de la cuenta (varios cargos), el director comenzó a justificar lo injustificable. Primero me sorprendió, después me ofendió! Los extraños cargos iniciales tenían como origen un aval bancario de 40.000 Euros, que me costaba, en varios tramos 1.400 Euros. Admito que visto de esta manera la operación hasta se puede considerar normal, - a fin de cuentas un aval bancario tiene que tener un coste determinado. Sin embargo, para tener acceso a este aval bancario, también fui obligado por el banco a presentar otra garantía, del mismo valor: 40.000 Euros que serian depositados en el banco.
En resumen: para obtener mi aval bancario de 40.000 euros a un coste de 1.100 euros más 0,5% por trimestre, tuve que dar un aval bancario de 40.000 euros al banco y obteniendo nada a cambio. ''No es así'', advirtió el gerente, quien agregó: ". Estamos pagando un 1% al año por su depósito" "El uno por ciento bruto", interrumpí, mientras que el banco me cobra neto un 0,5% por trimestre, o 2% neto por año si fuera así. Pero a medida que se va pagando el trimestre, el coste es aún mayor.
Bien intenté argumentar, que, después de todo, era mi dinero el utilizado para avalar el papel de las garantías emitidas por el Banco, que si no podía aumentar el pago, podía por lo menos reducir el coste. ''Eso no es así, no es posible'', dijo.
Consideremos entonces el caso de otro cargo dudoso de 167 euros que apareció en el extracto. "De qué se trata?”, le pregunté. La respuesta se hizo esperar y de la forma más natural dijo: "El uso de servicios de Internet del banco''. Pero entonces será normal pagar al banco por mi propio trabajo, teniendo en cuenta que no molesté a nadie al hacer mis operaciones? A menos que fuera una forma indirecta de cobrar el tiempo que estuvo allí. Y si esto era así, entonces ¿por qué no hacer como los abogados y cobrar por hora? "Por hablar con el director del banco el coste es de 167 euros la hora imputados cada año, ¿verdad?". Contrariado dijo que iba a ver qué se podía hacer.
Por último, le pedí que me explicara el último misterioso apunte de 87 euros. Después de una larga investigación en el ordenador, el director, convencido, lanzó una pregunta esclarecedora:"modificó alguna condición que yo tenía?'' No pensé mucho en responder afirmativamente, pero a la vez recordé lo que me había dicho que no habría ningún problema si tuviese alguna necesidad de dinero. "Efectivamente, no tuve ningún problema", dije, "lo que ocurrió fue una penalización que nadie me alertó sobre ello." Ya no respondió, ni podía responder. En pocos meses el banco había deducido de mi cuenta 1,600 € en comisiones.
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El misterio portugues
Debido a que muchas personas en España les parece interesar lo que pasa ahora en Portugal, con la crisis, me parece interesante transcribir este articulo del 2009, pero siempre actual de Gabriel Magalhaes, Profesor y escritor portugués (Luanda, Angola, 1965). Residió muchos años en España. Sobre temas ibéricos ha publicado las obras “Estar Entre” (2007) y “Garret e Rivas: o Romantismo em Espanha e Portugal” (2009). Su novela “Nao Tenhas, Medo do Escuro” (2009) obtuvo el premio Revelación de la Asociación Portuguesa de Escritores. En la actualidad trabaja en la Universidad de Beira Interior (Portugal), donde ha desarrollado el proyecto de investigación Relipes (Relaciones lingüísticas y literarias entre Portugal y España desde el siglo XIX hasta la actualidad).
El misterio portugués Portugal transmite una suave impresión de caos, parecida a la que uno siente en una tienda de antigüedades. El país vive en la esquizofrenia de ser una pequeña nación que ha llevado a cabo grandes cosas, más allá de la batalla política, indagamos en la actualidad sociocultural portuguesa y presentamos un acercamiento a este país que, a menudo, desde España, a pesar de la proximidad –o precisamente a causa de ella–, es víctima de invisibilidad. A los españoles se les olvida Portugal. Claro que saben qué es y dónde está, pero se les olvida. A los portugueses a veces también se les olvida España, pero no tanto. Cuando se construye una nacionalidad, hay que desconocer un poco los demás países, sobre todo los más cercanos. Pessoa lo dijo muy bien: "Todas las naciones son misterios. Cada una es el mundo entero a solas". Los pocos textos que los diarios españoles dedicarán a las elecciones legislativas portuguesas del 27 de septiembre no cambiarán esta situación. Los nombres de los políticos lusitanos sonarán rarísimos a los pocos lectores que no se salten la noticia. Y todo volverá al olvido de siempre. No obstante, cada vez más españoles se enamoran de Portugal y se adentran en el misterio portugués. Lo primero que comprenden es que se trata de un país apasionado por las distancias. Cuando se está en Portugal no se está en Portugal, sino más bien en el prólogo de algo que se continúa en América, en África, en Asia y en el más lejano Oriente. El destino del país vecino es el viaje: se trata de una cultura que se busca a sí misma en el más allá. La consecuencia es que Portugal se descentra, se transfiere para su periferia. Y después pasa que uno se encuentra en Lisboa con una ciudad que es un hueco de nostalgias. Este culto de la distancia se refleja también en pequeños detalles de la vida cotidiana. Al portugués no le gusta, por lo general, convivir en la calle. Lo hace en la lejanía de las casas particulares. El primer contacto entre las personas adultas casi nunca empieza por el tú, sino por el usted. Hay amigos de muchos años y de férreas solidaridades que jamás se han tuteado. Siempre la distancia, aunque sea la distancia social de un tratamiento. Y en las cafeterías las mesas individuales se imponen a la barra multitudinaria. Quizás por todo esto al portugués, cuando llega a España, le parece que las personas están hablando a voces y que las cosas se han acercado peligrosamente a su cuerpo. Para los lusitanos, que son seres soñadores y muy virtuales, visitar España es como darse un buen masaje de realidades. Entretenido con esta dimensión erótica de la hispanidad, el portugués suele olvidar el laberinto de culturas y nacionalidades que constituye una de las riquezas y uno de los problemas de España. Piensan muchos españoles que Portugal es un país de pobres y se equivocan redondamente. Portugal es un país de ricos pobres, lo que es muy distinto. La nación vecina tiene, para quien la conoce bien, ese encanto polvoriento de las familias aristocráticas venidas a menos. Aunque su exterior pueda ser menesteroso, la mentalidad portuguesa es la de un rico. Pocos países habrán despilfarrado tanto. Pocos países se han relacionado con su economía, a lo largo de los siglos, de un modo tan perdulario. El rey Juan V, monarca de la primera mitad del siglo XVIII, envió al papa Clemente XI una embajada memorable, cuyos carruajes increíblemente lujosos se pueden visitar aún hoy en día en el Museu Nacional dos Coches. Al monasterio de Mafra, obra millonaria que fue uno de los símbolos de su reinado, le puso dos carillones porque uno le pareció barato. Quizás el origen de todo esto sea la época espléndida de la expansión marítima y del imperio, los siglos XV y XVI, en que Portugal, entrando en contacto con otros mundos del mundo, se perfiló como una novela de ensueño, inventando el realismo mágico antes de que fuera inventado. Lisboa se transformó en una ciudad muy rica: una "orgía de mercaderes", en palabras del historiador Oliveira Martins. En El burlador de Sevilla, se cuenta que existían comerciantes lisboetas que medían el dinero en fanegas, como se medía el trigo, porque no había tiempo ni paciencia para contar monedas. En los pisos bajos del Palacio Real se situaba la Casa de la India, que controlaba el comercio imperial. Y en el estuario del Tajo podían verse más de 500 naves ancladas, venidas del mundo entero. Lisboa era en aquella época lo que Nueva York está dejando de ser para que Shangai empiece a serlo. Al español le cuesta entender que el indigente portugués tenga una mentalidad tan aristocrática, pero así es, más por timidez que por orgullo. Resulta curioso comprobar que los lusitanos han sustituido los títulos nobiliarios por títulos académicos. A los licenciados se les trata socialmente de doctor y a los doctorados de profesor doctor, y en estas palabras hay como un eco de antiguos tratamientos de señor conde o señor marqués. Por lo demás, el portugués es muy barroco. Le gustan los detalles, no las estructuras. Aprecia, en todo, el talento decorativo. En un restaurante, el filete de ternera se sirve con patatas, arroz y verduras: el filete es pequeño, pero notable su séquito gastronómico. En España, los filetes de ternera son grandes y vienen con patatas fritas. Amante de las distancias y de los ensueños, perdulario y barroco, el lusitano es además muy individualista, lo que conlleva una cierta desorganización. Portugal transmite una suave impresión de caos, parecida a la que uno siente en una tienda de antigüedades. En España reina una mentalidad más geométrica, más germánica, quizás recuerdo del esplendor alemán de los Austrias. La historia no basta para explicar esta manera de ser tan encantadora cuanto, a veces, exasperante. Portugal nació en el siglo XII, fruto de la ambición de una familia francesa (el primer rey portugués, Alfonso Henríquez, es hijo de un aristócrata borgoñés), que se apoyó en la nobleza que existía entre los ríos Duero y Miño. En el remolino político de la reconquista nació este pequeño Estado, que en un principio intentó crecer hacia el norte, hacia territorio gallego, formando la unión lógica del noroeste peninsular. Pero la historia no es lógica, aunque pueda ser comprensible: fracasando en su aventura gallega, la expansión del nuevo reino se hará hacia el sur. Galicia y Portugal, que básicamente son lo mismo en lo que respecta a sus raíces, se separaron para siempre, y la especificidad portuguesa se desarrolló a partir de la fusión de su raíz galaica con las culturas árabes y semíticas meridionales. En 1385, con la victoria de Aljubarrota sobre los ejércitos castellanos, Portugal se aleja de la unión peninsular y, pocos años después, con la conquista de Ceuta, en 1415, se lanza a su aventura marítima. En menos de cien años, este país construye el primer imperio de dimensión mundial, con posesiones en América, África, Asia y Extremo Oriente. En realidad, es el primer imperio global, muy frágil por supuesto, pero el imperio español y el francés, el glorioso imperio británico y el actual imperio virtual norteamericano son una continuación de este primer boceto portugués. A partir de aquí, Portugal vive en la esquizofrenia de ser una pequeña nación que ha llevado a cabo grandes cosas: el portugués actual es un enano cuyos abuelos resulta que eran unos colosos. Desde el siglo XVIII hasta la actualidad, la cultura portuguesa, consciente de su decadencia, ha vivido marcada por la obsesión mimética de lograr parecerse a los grandes países occidentales: la misma obsesión que existió en España, pero en el caso español esta manía imitadora se equilibraba con el amor hacia la pandereta y hacia todo lo castizo. En Portugal, casi no existe este orgullo nacional. El portugués ama demasiado lo extranjero. Las películas en otros idiomas siempre se han subtitulado. Por el contrario, España no es país de subtítulos, sino de doblajes. ¿Cuáles son los retos actuales de la portugalidad? El lector ya se ha dado cuenta de que, en realidad, Portugal es un país inviable. Siempre lo ha sido. No posee una individualidad geográfica; sus raíces más profundas las comparte con Galicia; su propio idioma es una evolución, una mundialización del gallego. La independencia portuguesa hay que crearla todos los días. Por eso, ser portugués cansa muchísimo. Se puede ser alemán, británico o francés tranquilamente, pero sólo se puede ser portugués en la intranquilidad. Sin personalidad geográfica específica, los portugueses tuvieron que labrarse un territorio propio en la mar. Es con prodigios de este tipo que la portugalidad se ha ido construyendo. Cuando una pequeña nación se decide por un destino separado, rápidamente descubre que tiene que reinventar su independencia en cada nuevo día de su historia. La identidad portuguesa se fragua en este estado espiritual de vivir en la perpetua invención de su individualidad. Esto lo explicó muy bien Fernando Pessoa en Mensagem:el portugués es un militante de la imposibilidad. De su imposibilidad. Ser portugués constituye, en el fondo, una forma de heroísmo. En un occidente laico y hedonista, la sociedad portuguesa tiene alguna dificultad en aceptar el extraño sacrificio que conlleva la identidad lusitana. Y aquí se abre una paradoja: uno de los problemas del Portugal del último siglo ha sido su exceso de felicidad. La última invasión extranjera ocurrió en 1807; la última guerra civil se concluyó en 1834. Después de esto, las grandes catástrofes han ocurrido a lo lejos, como si fueran sueños. A lo largo del siglo XX, Portugal fue un país lunar. Y la nación se ha dormido. El Portugal actual no sabe por dónde tirar. No sabe cómo despertar. Pero este problema, que parecía ser específicamente portugués, se ha visto que, al final, es de todo el mundo occidental. Quizás a causa de la fragilidad de su economía, Portugal sintió primero los síntomas de una crisis que es de todos. Efectivamente, la Península Ibérica constituye un lugar profético. Profética fue nuestra relación con el mundo árabe, a partir del 711: un anuncio de la tensión que marca, aún en la actualidad, las relaciones entre las naciones occidentales y el islam. Profética fue también nuestra expansión colonial: un bosquejo de la actual globalización.
Profética fue en fin la guerra civil de España. Quizás esta capacidad de profecía ocurra porque llegan aquí primero las pateras de la historia. En el callejón sin salida que es el presente de Occidente, Portugal se siente, por decirlo de alguna manera, en su ambiente. El futuro que no tenemos hoy los occidentales es el futuro que Portugal siempre ha tenido. Y puede que la capacidad de inventar y de inventarse de los lusitanos sea una de las llaves del porvenir.
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El Oro esta haciendo máximos
El oro fue catalogado como protección a la inflación en los años 70 y 80, pero creo que esto es un atributo equivocado. El oro no es una protección contra la inflación, es antes una protección en relación a la desconfianza hacia los gobiernos. Por mucho que se hable de “PIGS” como importantes en la degradación mundial actual, convendrá decir que este comentario incide sobre todos los países, mas sobretodo en los Estados Unidos que hace diferencia en sus actos y prácticas.
El ciudadano suele ser complaciente cuando las cosas van bien, pero rápidamente deja de serlo cuando las cosas van mal. En memoria de todos los casos de disturbios en Francia y más tarde en Grecia, que demuestran la fina línea que separa la conducta civilizada, de los disturbios, los más recientes son los países de Oriente Medio (Egipto, Túnez, Siria , Yemen, Libia, Argelia ..). Cuando las personas dejan de tener patrones mínimos de la sociedad a la que pertenecen el riesgo se hace latente.
Los gobiernos se han convertido en la mayor peligro para el estilo de vida de sus respectivos pueblos al no saber gobernarse con los medios apropiados y endeudando a las generaciones futuras."Un gobierno nunca pagó las deudas del Estado" (Adam Smith en 1776), y no existe ningún tribunal para apelar una posible quiebra, pero lo peor es que los gobiernos nunca reconocerán que son parte del problema, porque creen que son los únicos que tienen la solución. Porque somos nuestro peor enemigo, no se vislumbra la posibilidad de evitar problemas con las deudas existentes.
En 1931 casi todos los países europeos habían incumplido sus pagos de la deuda, en lo que fue una guerra económica que precedió a la Segunda Guerra Mundial. Al final de esta guerra los EE.UU tenían el 76% de las reservas mundiales de oro, lo que les permitió tener el dólar como moneda mundial de reserva. La deuda creada por la guerra no era buena para la estabilidad económica de los países europeos. Esta fue la única razón por la cual Estados Unidos fueron beneficiados. Lo que tenemos ahora en los Estados Unidos son tres guerras (Afganistán, Irak, Libia) y una deuda real y otra oculta que pone en peligro la estabilidad mundial.
El oro estaba a 20 dólares en 1932 y llegó a 875 en 1980, un aumento de 4.370% respecto al 2500% de aumento que se observa en el Dow Jones durante el mismo período. Desde 1980 hacia aquí, el Dow ganó un 1000%, pero estuvo ganando 1400% mientras que el oro se revalorizó un 60%.
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