El éxito de un emprendedor no depende de la suerte.
Me llega este articulo de Jose María Cobían, socio de Okuri Ventures.
Día tras día en España surge una docena de nuevos emprendedores tecnológicos clamando a los cuatro vientos que el principal problema de la emprendeduría en este país no es otro que la falta de financiación. No seré yo el que se atreva a decir que la financiación de proyectos tecnológicos en España sea ejemplar. Sin embargo, no puedo evitar acordarme de que vivimos en el país en el que o “aprobamos” o “nos suspenden” los exámenes.
Lo primero que hay que tener en cuenta a la hora de buscar financiación para un proyecto tecnológico de cualquier índole en etapas iniciales es que sólo uno o dos de cada diez proyectos en los que se invierte dinero cada año llega a tener éxito. Por tanto, para los inversores de estos proyectos existe una notable diferencia entre lo que es un proyecto potencialmente rentable y lo que es un proyecto invertible.
Un proyecto rentable es todo aquel en el que eventualmente los ingresos totales menos los gastos e inversión realizada totales producen un resultado positivo, también llamado margen de rentabilidad. Sin embargo, un proyecto invertible o atractivo para la inversión en una etapa inicial es aquel que, gracias a la inyección de capital, adelantaría notablemente en el tiempo su horizonte de rentabilidad y el margen de rentabilidad futuro se incrementaría de forma explosiva de tal manera que si tiene éxito, éste potencialmente compensaría el otro 80% - 90% fallidas que han realizado.
Es decir, todo proyecto invertible es siempre un proyecto potencialmente rentable, pero no todo proyecto potencialmente rentable es un proyecto invertible para los inversores en etapas iniciales de desarrollo.
En un segundo plano, hay que tener en mente que la financiación no es más que una herramienta. Como tal, ésta podrá ser una herramienta de mejor o peor calidad que otras, pero ni por ser de mejor o peor calidad existirá una relación lineal con un mejor o peor resultado, ni se podrá culpar a nadie más del resultado que al que usa la herramienta de peor calidad sabiendo que existen herramientas mejores.
Por todo esto, a pesar de que el problema que intentan señalar estos emprendedores es innegable, sólo se pueden derivar 4 razones fundamentales por las cuales un proyecto no recibe financiación en sus etapas más iniciales:
1. El proyecto no es tan bueno para el inversor como el emprendedor cree. Es decir, las métricas y circunstancias alrededor del proyecto no lo hacen atractivo para el inversor.
2. El proyecto no tiene mercado o se ha adelantado al mercado. Es decir, o la demanda no existe o la oferta va demasiado por delante de la demanda por lo que el retorno de la inversión, el cual siempre ya de por sí altamente incierto, se encuentra lejos en el tiempo añadiendo un factor más de incertidumbre en una de las métricas más importantes para los inversores: el mercado.
3. El planteamiento del proyecto no es el adecuado. Entendiendo planteamiento del proyecto en su sentido más amplio, sea éste la estrategia escogida de ataque al mercado, la gestión del tiempo y dinero invertido hasta la fecha o simplemente por cómo está siendo comunicado el proyecto, el emprendedor no ha proporcionado las pruebas o señales que necesita el inversor para que le resulte atractivo.
4. El equipo no es el adecuado para llevar el proyecto a buen término. Desafortunadamente, la razón más común y más obviada por los emprendedores. Debido a que vivimos en la era de la información, la clave del éxito un proyecto tecnológico en etapa inicial frente a empresas más grandes ya no reside ni en la idea ni en su capacidad de ejecutarla bien a la primera, sino en su mayor flexibilidad para iterar más rápido hasta dar con el producto y el modelo de negocio más óptimo. Este contexto hace que a un inversor jamás se le pueda exigir que asuma un riesgo proporcionalmente mayor al que el emprendedor está asumiendo, por lo que requiere de un equipo sólido con una actitud muy perseverante y con un compromiso altísimo con el mismo.
En resumidas cuentas, si eres un emprendedor éste es un examen que jamás “te van a suspender” sino que “suspendes” tú sólo.
Las buenas noticias son que el éxito de un emprendedor depende en gran medida de factores sobre los cuales tiene control, puede influir o puede medir, analizar y reaccionar antes de que se conviertan en un problema. Estas habilidades son prácticamente imposibles de aprender más que con la práctica y por ello en la mayoría de los casos hace falta haber fracasado antes para triunfar.
El único emprendedor con suerte es aquel que tiene éxito sin antes haber fracasado. Como las meigas, “haberlos, haylos”, pero suponen un porcentaje ínfimo entre el club de los emprendedores más célebres.
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