El que no se consuela, es por que no quiere.
En los últimos tiempos, la lectura de la actualidad económica se me hace un poco cuesta arriba, porque un 90% tiene un protagonista común: la crisis. El origen de la crisis, el impacto de la crisis, la opinión de los expertos sobre la crisis, la duración de la crisis, las estadísticas de la crisis..... Y entre tanta y tanta crisis, la verdad es que a una le entra un poco de congoja. Somos conscientes de que está ahí, y que probablemente se quede con nosotros algún tiempo más, pero... pesa en el ánimo estar todo el día conviviendo con ella, leyendo sobre ella, hablando sobre ella. En los ascensores, ya nadie utiliza el tan socorrido: “Pues parece que hoy refrescará”, para romper el incómodo silencio que separa la planta 1ª de la 7ª; no, ya no, ahora se estila más un: “¿Y cómo vais vosotros con la crisis??”.
Pero hace unos días, me encontré con unas palabras sobre las crisis, pero de una forma muy distinta y original. Durante unos minutos me dejé llevar por la esperanza, cambié el yin por el yang, y pensé que siempre hay una manera diferente de ver las cosas.
Os reproduzco la cita (que se atribuye a Albert Einstein), esperando que os produzca el mismo efecto:
“No pretendamos que las cosas cambien, si siempre hacemos lo mismo. La crisis es la mejor bendición que puede sucederle a personas y países, porque la crisis trae progesos. La creatividad nace de la angustia, como el día nace de la noche oscura. Es en la crisis que nace la inventiva, los descubrimientos y las grandes estrategias. Quien supera la crisis, se supera a sí mismo sin quedar superado.
Quien atribuye a la crisis sus fracasos y penurias, violenta su propio talento y respeta más a los problemas que a las soluciones. La verdadera crisis, es la crisis de la incompetencia. El inconveniente de las personas y los países es la pereza para encontrar las salidas y soluciones. Sin crisis no hay desafíos, sin desafíos la vida es una rutina, una lenta agonía. Sin crisis no hay méritos. Es en la crisis donde aflora lo mejor de cada uno, porque sin crisis todo viento es caricia. Hablar de crisis es promoverla, y callar en la crisis es exaltar el conformismo. Es vez de esto, trabajemos duro. Acabemos de una vez con la única crisis amenazadora, que es la tragedia de no querer luchar por superarla”.

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